Salud mental y maternidad: soy madre ¿y ahora qué?

En esta serie de artículos hablamos de salud mental y embarazo, de la mano de Beatriz García, psicóloga al mando de RutaB.

Hoy nos centramos en lo que ocurre con nuestras emociones una vez hemos establecido esa identidad de madres de la que hablábamos en el último post.

Heridas abiertas

En esta nueva etapa en la que ya nos identificamos como madres entra en juego de forma muy importante la relación con nuestra madre. 

La crianza nos va a remover mucho, va a destapar heridas de la infancia y a conectarte con cómo fuiste cuidada tú. Si alguna vez pensaste aquello de ‘jamás seré como mi madre’ o ‘jamás podré llegar a hacer lo que ella hizo’, puede que ahora estas afirmaciones vuelvan a tu mente con fuerza.

En estos artículos hemos incidido en la idea de que con la maternidad tendemos a pensar mucho más en nuestra historia y pasado, pero esta va a ser la etapa más importante. Al fin y al cabo, nuestra primera experiencia con la maternidad y la crianza no fue como madres, sino como hijas.

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¿Profecía autocumplida?

Inevitablemente, nosotras repetiremos conductas y patrones que realizaron nuestras madres cuando nos criaron. Pero es importante saber que esto no es una profecía y que podemos trabajar sobre ello para no repetir aquellos patrones que no nos gusten.

Cuando una mujer es madre también puede ocurrir que se produzca una reconciliación con su propia madre, por varios motivos. Por un lado, por el simple hecho de verla como abuela cuidando a sus hijos y por otro, al verse a sí misma como humana con sus limitaciones puede entender parte de los errores que pudo cometer su madre en el pasado.

Aunque como decimos, cada caso es diferente y también puede darse una situación en la que suceda lo opuesto: que la maternidad nos aleje de nuestra madre. Podemos llegar a pensar cosas como ‘mamá, no era tan difícil, no supiste cuidarme’.

En cualquier caso y para evitar esa profecía autocumplida, es muy importante reflexionar sobre la vivencia de una misma, saber qué queremos y qué no queremos hacer, ya que la tendencia es a la repetición por identificación.

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Prueba y error

La maternidad nos lleva a asumir esa nueva identidad que estamos construyendo y a realizar un cambio en nuestra vida, tanto a nivel de roles como de funciones. Ya no nos va a servir la forma en la que trabajábamos, salíamos, viajábamos etc antes de ser madres. Existe un proceso de reajuste con esas funciones de los nuevos roles.

Y en este proceso es importante tener presente que el error va a existir, es inevitable, por lo que asumir que se va a fallar es algo que debemos hacer antes o después.

Lo vas a hacer como puedas, con las estrategias y herramientas que tienes y conoces. 

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De la supervivencia a la confianza en ti misma

Durante tus primeros días como mamá, es posible que lo único que te preocupe es asegurar la supervivencia de tu bebé. Al principio es normal que tengas miedo pues un bebé es frágil y además te resulta desconocido, por lo que habrá muchas dudas.

Pero esas dudas (que a veces se manifestarán como dudas en tu capacidad) van a ir desapareciendo a medida que veas con tus propios ojos cómo tu bebé crece, que le puedes dar lo que necesita y que eres, en definitiva, una madre.

Entonces aparece un sentimiento de validación personal e íntimo, que aporta seguridad para los siguientes pasos. Criar a un ser humano, darle un espacio para el amor, el cuidado, el respeto, la singularidad, los límites, la libertad y la protección es una tarea compleja. 

Además, aunque siempre se ha dicho que un niño no nace con un manual de instrucciones, hoy en día las madres cuentan con acceso a una multitud de recursos que nos pueden orientar en esta importantísima misión, desde escuelas para padres y madres a libros de formación, recursos online, charlas, comunidades etc.

Y una de estas comunidades esenciales para una mujer es la de otras madres que puedan guiarlas y resolver sus dudas. A esto se le llama comúnmente ‘ambiente de contención’, y está compuesto por mujeres mayores y con experiencia que pueden ayudar aportando conocimiento ante la duda. Es fundamental reconocer que no se sabe y pedir ayuda, pero también confiar en una misma. Con la maternidad aparece un nuevo instinto cargado de conocimiento, y es igualmente importante confiar en él.

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Miedos, tristeza, cansancio y otros enemigos

Tras el parto se estima que más del 30% de las mujeres no reciben a su bebé con alegría, algo que genera mucha culpa en las madres que sienten que no están actuando ‘como deberían’ o que están haciendo algo mal. Esta situación, junto con las depresiones posparto o los blues de la maternidad tienen una explicación biológica.

La placenta genera estradiol, una hormona sexual que entre otras muchas, cumple una función similar a la serotonina, hormona de la felicidad. Durante todo el embarazo, nuestros niveles de estradiol son por tanto altos, pero con el parto llega la expulsión de la placenta y la bajada en estos niveles, que viene acompañada de sentimientos de tristeza completamente normales.

Si estos sentimientos de tristeza se mantuvieran más de un mes es importante acudir a terapia ya que las depresiones posparto son frecuentes y afectan negativamente a la vinculación entre madre e hijo. Y durante estos primeros meses, esta vinculación es fundamental para la construcción de un apego seguro. 

Otro de los enemigos de las madres durante esta etapa es el cansancio, que será completamente agotador. Durante los primeros meses es difícil que puedas estar mucho tiempo separada de tu bebé, y además eres la persona con mayor responsabilidad de su cuidado, por lo que aunque no estés presente, de una forma pasiva estarás pendiente de ese cuidado.

Muchas madres se sienten al límite debido al agotamiento prolongado. Por ello es fundamental descansar siempre que sea posible, y crear momentos, con el apoyo de la pareja o de otros familiares para una siesta o unos momentos de descanso. Cuidarte a ti es cuidar a tu bebé, ya que una madre sana siempre será la mejor compañera de su bebé.

Ser madre es una aventura, una odisea, y aunque dudamos que Ulises quisiera cambiamos el puesto, el amor que construimos con nuestros hijos nos permite también sostener muchas tormentas. 

Recuerda que si en algún momento no sabes cómo seguir el viaje, siempre puedes pedir ayuda.

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